Por: Francisco H. Muñoz
23 de Agosto de 2018 12:00 am

El pasado viernes 10 de agosto, esperé con ilusión que el nuevo Gobierno detuviera el proceso de contratación del proyecto de intervención del galeón Señor San José.

El límite se cumplía a las 5 de esa tarde. Mientras el día transcurría, consultaba una y otra vez la página web del SECOP, donde el Ministerio de Cultura publica las novedades que ocurren en los proyectos de contratación estatal, y en ella aparecían: la suspensión decretada el 23 de julio; la resolución por medio de la cual fue levantada el 2 de agosto, y con la misma el nuevo cronograma que determinó el 10 de agosto a las 5 de la tarde, para abrir los pliegos de los oferentes y la suerte del Galeón estaría echada.

Los pliegos de condiciones contemplan, entre otros desaciertos, otorgar al originador del hallazgo hasta el 45% de la carga representada en metales preciosos (oro y plata), al peso, como si fuese chatarra. Esto realmente me ahogaba en angustia, había hecho cuanto pude, hablé con muchos personajes “cercanos al nuevo Gobierno” y envié por el camino de las brujas, diversos documentos con argumentos, estudios, súplicas y hasta exigencias, al nuevo presidente de la República. En ellos solicitaba que se suspendiera el proceso, un desastre que cercenaría nuestro patrimonio, nuestra historia.

Poco antes de la hora señalada, la desesperación me llevó a publicar en el grupo de Facebook que tenemos, “Salvemos al galeón”, algunos mensajes que presagiaban la derrota, había fracasado en la defensa de este indudable “Bien de Interés Cultural de la Nación”, reconocido por todos, menos por el Gobierno. De nada sirvieron comunicados de la UNESCO, universidades, academias de historia, arqueólogos nacionales y extranjeros, periodistas o ciudadanos preocupados.

El nuevo presidente de Colombia, calificó en campaña el proceso de contratación como “vergonzoso”, y guardé la esperanza que lo detendría. Al fin y al cabo, los héroes aparecen cuando el desastre se hace inminente, no antes.

El reloj marcó las 5 de la tarde, y con ojos desorbitados refrescaba la página del SECOP, con frenesí, mientras llamaba a varios de los personajes “amigos del nuevo Gobierno”, quienes me insistían que “ese proceso tiene orden de suspensión, no te preocupes”. Yo les decía que hasta que no apareciera la resolución publicada en la página del SECOP, no les creería, aunque la verdad es que por dentro quería estallar y dar rienda suelta a mi frustración y decirles: ¡Mentirosos! ¡Duque nos traicionó! ¡No movieron un dedo por parar esto! ¡Hemos perdido el galeón!

Finalmente el milagro ocurrió a las 5 y dos minutos, cuando apareció publicada en el SECOP la resolución 2756 del 10 de agosto de 2018, informando que el proceso se suspende “hasta por dos meses”.

¡Ha revivido la esperanza!

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